Cornelius
Existió una vez un perrito que sabía apuntar. Era una habilidad un poco extraña pero se veía súper cool.
-¿A qué le ladras perrito? Le preguntábamos.
Sabías que te había entendido por qué en seguida se sentaba, y volteando la cabeza para asegurarse que le veías, levantaba su pata delantera. Y haciendo como podía los deditos hacia atrás apuntaba a un dedo la ubicación de su objetivo.
Que perrito tan inteligente, decían.