Si la tierra no me sostuviera caería al universo
Acostado sobre el mundo, viendo hacia abajo el universo en aquella noche fresca, me visualizé como un bebé en una cuna...segura y limitante.
Indefenso,
vacío.
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Con toda la fuerza que alcanzaban mis pulmones, lancé un grito al vacío.
El cielo recibió mi energía, inerte, inamovible.
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Mi grito se propagó en grandes ondas concéntricas que maravillado veía alejarse.
Sin rumbo fijo, sin esperanzas de llegar a destino, sin objetivo alguno.
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No hubo nunca huella de ésta existencia.